el diario de estados de ánimo: Una herramienta para valorar tu felicidad:

La felicidad, al igual que el amor o cualquier otro sentimiento, no es una emoción binaria: o se tiene todo y siempre, o no se tiene nada.

Más bien al contrario, creo que la felicidad se va creando por el camino, pasito a pasito, sumándose en las pequeñas cosas que vivimos a diario.

Sin embargo, con el ritmo frenético que llevamos últimamente, es muy fácil pasar por alto todos esos momentos pequeñitos y olvidarnos de ellos. Sumirnos en la rutina y que al final del año, no podamos más que quedarnos con un sentimiento de mediocridad que para nada hace justicia a cómo realmente lo hemos vivido.

La buena noticia es que existen herramientas que te permiten tomar conciencia de todos esos momentos para que, llegado el momento (si te gusta hacerlo los primeros días del año, ¡genial! Pero vamos, puedes repasarlo cuando quieras: mes a mes, de forma semanal, cada estación…), puedas hacer balance y descubrir que, en realidad, nuestra mente nos juega malas pasadas guardándose y recordándonos solo lo malo y olvidándose vilmente de todos los pequeñitos buenos momentos que nos regala la vida.

Y aquí viene lo interesante: ¿cómo integro estas herramientas en el devenir frenético que llevo, Cristina?

Ja, pues aquí, una vez más te pregunto: “¿es tu felicidad algo importante para ti? ¿Es una prioridad en tu vida?”.

Si tu respuesta es sí, simplemente has de querer estar dispuesta a realizar el cambio. Sin prisas. Poco a poco. Con trabajo. De nuevo, aquí tampoco hay una actividad milagro que, sin esfuerzo, de la noche a la mañana haga que seas una persona diferente, totalmente positiva y plenamente feliz. No te engañes. Para lograr algo, tienes que quererlo, en primer lugar. Una vez estés decidida a cambiar para llegar a ello, tienes que trabajar. Requiere un esfuerzo activo por tu parte. De nada sirve quedarse ahí sentada y esperar que con 1 minuto de esfuerzo, una actividad tenga resultado.

No me cansaré de repetirlo: para alcanzar un cambio has de empezar a moverte. Nadie consiguió nada en la vida haciendo siempre lo mismo, con lo que se sentían cómodos, una y otra vez.

Como decía Einstein, “la locura es hacer lo mismo una y otra vez y pretender conseguir resultados diferentes”.

Deja que te pregunte: en todo este tiempo haciendo exactamente lo mismo, ¿has conseguido ya eso que siempre ansiabas?, ¿estás trabajando para conseguir tus sueños?, ¿sientes que tu vida no avanza en la dirección que esperabas?, ¿te sientes anclada en una situación de espera, de stand-by, esperando que un acontecimiento de una vez por todas, coloque todo tu rumbo y te permita llegar adonde siempre has ansiado?

Si alguna de tus respuestas es sí, déjame decirte que se acabó la espera. Tienes que dejar de esperar que las respuestas lleguen a ti, desde fuera. No busques una aprobación externa, una señal de otras personas, del mundo, del cosmos, ¡del karma! La respuesta está en ti. Y tienes el poder de empezar a moverte. Tú. Ahora. No necesitas a nadie más. Si quieres empezar a recoger frutos diferentes, tienes que salir de tu zona de confort, para conocernos un poco más a nosotras mismas, para valorar lo que teienes y divisar otras opciones. Pero es un movimiento y una fuerza interna que ha de salir de ti. Tú cargas con esa fuerza dentro. Al igual que yo. Al igual que todos. Tan solo has de querer empezar a moverla para empezar a mover cosas. Para llegar a ser la persona que siempre has soñado ser y que no sabes cómo llegar a ella.

“Todo lo que merece la pena lleva tiempo. Todo lo que merece la pena requiere un esfuerzo. No hay nada fácil. Todo empieza por confiar en ti, en tus decisiones. En que estás yendo en la dirección correcta. Luego, tienes que empezar a creer y no abandonar”. De nuevo, nada es fácil. Pero tienes que creerlo, creer en ti. Puedes conseguir cualquier cosa que tu cabeza crea.

Una forma de hacerlo es a través de un diario de estados de ánimo o mood diary en inglés. Lo he descubierto este año y me parece una actividad súper interesante. Sin dudarlo me he puesto manos a la obra.

Simplemente consiste en anotar en un diario el estado de ánimo predominante del día. Si lo haces con una escala de colores, mucho mejor, porque el resultado es mucho más visual y te va a permitir valorar de un vistazo cómo ha ido la semana, ver cuál ha sido tu estado de ánimo predominante o simplemente darte cuenta de que ¡no nos va tan mal! A veces tenemos un mal día una semana y ya nuestro coco nos sabotea haciéndonos creer que toda la semana no ha valido la pena. El diario te permite ser consciente de si realmente toda la semana ha sido tan mala o si el mal día fue uno puntual.

De alguna forma reprograma nuestra mente para que no solo se concentre en lo malo y podamos tener una visión más objetiva de nuestra realidad.

Además, puedes añadir información adicional como desencadenantes de estados de humor negativos. Por ejemplo, si un día has tenido una discusión, un accidente, un despido, una ruptura… escríbelo en tu diario. De esa forma, cada vez que veas un color indicando una emoción negativa, sabrás qué lo desencadenó. Y eso es información muy valiosa sobre ti misma que hará que puedas entender mucho mejor por qué reaccionas de la forma en que lo haces y, si hay algo que no te guste, poder cambiarlo. Igualmente, si has tenido algún día genial está bien que lo anotes, para que tú misma sepas qué pasó ese día y lo recuerdes.felicidad

Lo que estamos creando son herramientas y estrategias que podemos poner en práctica en situaciones futuras.

Te pongo un ejemplo. Imagina que tengo un mal día en el trabajo. Un cliente se queja de que mi trato no es el adecuado porque no lo saludo al entrar. Ese día estoy cansada, muy cansada, y es verdad. No saludo al cliente. Además, estaba lloviendo cuando iba al trabajo y llegué empapada, lo que aumentó mi sensación de insatisfacción y frustración. En el momento en que llega el cliente, yo no pienso en todos estos antecedentes. Simplemente le atiendo de forma cortante y, cuando me dice que no lo he tratado con cordialidad, en vez de disculparme, empiezo a discutir.

¿Qué te parece esta situación?

Cuando llego a casa, estoy enfadada. Con la humanidad, con la gente. Tengo sentimientos de odio profundo ante mi cliente. ¿Quién se cree que es para que tenga que tratarlo como a un rey? Llego al diario y coloreo el cuadrito como un día de mierda. Sin embargo, al especificar el desencadenante, me pongo a pensar y llego a la conclusión de que quizá el problema no era del cliente. Quizá el problema no era la lluvia, el problema no era el día. El problema era yo, estaba en mí. En vez de identificar una incomodidad, una insatisfacción, darle voz y tratar de satisfacerla, he estado guardando esos sentimientos negativos y la he pagado con el pobre cliente.

¿Puedo aprender algo de esta situación, de este día, del diario?

¡Por supuesto! ¡Puedo aprender muchísimo! En primer lugar, todos los días tienen el potencial de ser días buenos. Tengo que hacer el esfuerzo de querer poner el día a mi favor. Pero cualquier día es una oportunidad para ser feliz, para dar lo mejor que tengo dentro y poder recibir a cambio todo lo bueno de los demás. Si yo no doy, rara vez voy a recibir nada. Si lo veo todo negro, no puedo esperar que el día sea de color de rosa. Tengo que poner yo también de mi parte, ves por dónde voy, ¿verdad?

Además, puedo darme cuenta de que el cansancio o la incomodidad a veces hablan por mí. Si no lo hago consciente, rara vez voy a poder cambiar este comportamiento. Reflexionar a posteriori sobre estas situaciones me da mucho autoconocimiento para entender por qué reacciono de diferentes maneras y poder diseñar estrategias para sobrellevar esos momentos y revertir la situación.

Con esa información, si un día de nuevo me siento cansada e incómoda, en vez de forzarme a atender a un cliente, puedo retirarme 5 minutos a tomar una infusión y hacer algunos ejercicios de respiración, dar un pequeño paseo o pedir ayuda a cualquiera de mis compañeros para que atienda como es debido a esta persona. O simplemente, ¡pedir disculpas al cliente y explicarle el mal día por el que paso! ¡Seguramente su reacción me sorprenda, y encuentre una persona que va a tratar de levantarme el ánimo! Quién sabe…  la vida es un continuo intercambio de energía…

¿Ves qué sencillo? Por supuesto, esto requiere trabajo, requiere un esfuerzo que cualquiera es capaz de hacer. ¡Pero no hay trucos! Si decides ponerte manos a la obra, verás la de cosas que aprendes sobre ti misma.

Entonces, resumiendo. ¿Qué vas a necesitar para elaborar tu diario de estados de ánimo?

  • Papel (mejor si es cuadriculado o tiene algunas guías)
  • Lápiz o boli
  • Regla
  • O directamente una agenda en la que ya aparezca el año en pequeñito (bien en una página todo junto o bien mes a mes, cada mes en un recuadro).

Si tienes tiempo y ganas, te recomiendo que lo diseñes tú de antemano, si no, una agenda como la mía también te hace el apaño. En ese caso, te diría que lo hicieras mejor por separado, mes a mes, para que se vea menos engorroso. Pero vamos, tú eliges. La estética es importante pero sin duda, ¡no lo es todo! ¡Lo más importante es que sea funcional para ti y que puedas seguirlo!

Si lo vas a hacer tú, empieza colocando en la parte de arriba del papel los meses del año, como si fuera un eje horizontal. A continuación, en la parte izquierda del papel (en lo que sería un eje vertical) y avanzando hacia abajo, vas colocando los números de los días del mes, desde el 1 hasta el 31. Bien, ya tienes casi la cuadrícula. Ahora vas trazando líneas horizontales y verticales para ir determinando todos los cuadraditos que van a responder a cada día de cada mes del año.

Consejo: intenta que los cuadraditos no te queden demasiado pequeños. Entre 0,5-1 cm de lado está bien. Vamos a colorear dentro, por eso hay que asegurarse de que tengan un tamaño adecuado. Si ves que no te entran, divide la cuadrícula en meses, en vez de en años, haciendo doce pequeñas cuadrículas (una por mes).

Ahora diseña una escala de emociones/sentimientos. No te pases tampoco, escoge entre 5-7 emociones predominantes. Siempre puedes completar cómo te sientes aparte, en un diario propiamente dicho. Esto simplemente va a ser una escala visual, muy directa, por tanto, tampoco nos interesa que esté cargadísima de detalles.

A cada emoción le vamos a asociar un color, de forma que iremos rellenando cada día con el color de la emoción predominante que hemos sentido. Por ejemplo, en mi caso he utilizado la siguiente escala de emociones y colores:

felicidad

Pincha aquí si quieres ver el vídeo de creación de mi propio diario.

Una vez tienes todas las emociones, ya puedes empezar. Escoge un momento del día para rellenar tu diario y disfruta.

A mí me gusta hacerlo por la noche, antes de acostarme. Así puedo valorar cómo me ha ido el día y, en la misma agenda, hacer mi diario de gratitud.

Creo que es la mejor forma de sacarle partido al día y aprender sobre mi misma. Además, el hecho de reflexionar sobre cómo nos ha ido el día, nos permite precisamente sacarle el máximo partido a esta actividad: ser conscientes de que cada día es único, que somos responsables de nuestra felicidad y de que cada día merece la pena.

Eso sería lo básico. Por supuesto, puedes sacarle mucho más partido a tu diario de estados de ánimo.

Por ejemplo, diseñando estrategias/actividades complementarias que puedas aplicar para impulsar tu estado de ánimo. En mi caso, he seleccionado meditar, caminar, escuchar música, leer o cocinar. Son actividades que me hacen conectar conmigo misma y hacerme sentir mejor, desconectar de mis problemas y sacarme una sonrisa. Te animo a que dediques un ratito en determinar las tuyas. De nuevo, no te agobies con el número, mejor algunas pocas que sepas que te sirven, que no hacer un listado interminable que no vayas a poner en práctica. Otros ejemplos: llamar a alguien que nos haga sentir bien, hacer alguna actividad de voluntariado, cantar o tocar un instrumento, gritar, colorear o dibujar, hacer yoga, boxear, salir a tomar un café o acariciar a tu mascota.

Lo que estamos haciendo de nuevo es reprogramar a nuestro cerebro y darle alternativas para que cuando un día no haya sido del todo satisfactorio, puedas tener a  mano alguna estrategia para cambiar la situación a través de actividades que hacen que te sientas bien y te permitan desconectar. También el ejercicio de dedicarte un ratito a reflexionar acerca de qué te ayuda a ti es muy valioso, porque cada persona es un mundo y el autoconocimiento es poder.

Aquí puedes profundizar todo lo que quieras: puedes ir rellenando un diario paralelo donde vayas completando aquellos días en que hayas estado regular y necesites escribir por qué te has sentido así, qué ha pasado o qué estrategias has empleado.

Recuerda que esto es para ti, por tanto, no hay obligación de hacerlo perfecto.

Simplemente déjate llevar y hazlo de la forma en que mejor te sientas. Si lo tuyo es escribir, escribe. Si prefieres simplemente listarlo, adelante. Pero trabájalo. De lo contrario, cuando vuelvas la vista atrás no habrá servido de nada. No te acordarás de por qué te sentiste así ni cómo reaccionaste para sentirte bien. De nuevo, en tu cabeza solo se guardará el malestar, pero no habrás podido extraer el aprendizaje.

Además, si eres mujer (y escribo en femenino hoy porque dedico este diario a mis pacientes féminas que muchas veces me han preguntado por estrategias para poder reconectar con ellas mismas) hay algunas opciones extra que puedes utilizar para sacarle más provecho a tu diario. Y es anotar también el momento del ciclo en el que te encuentras. Según la fase menstrual en la que estemos, las hormonas hacen que nuestro ánimo se altere, afectando a nuestro rendimiento, nivel de cansancio, actividad física, etc.

El ser conscientes de ello nos da mucha información, porque de esta forma puedo ver que, por ejemplo, la semana antes de la regla suelo tener un humor de perros, y coincide que los cuadraditos marcan días en los que me he sentido frustrada o decaída. ¿Casualidad? Igual ahora puedes darte cuenta que ese malhumor lo producen tus hormonas y, de cara al mes que viene, en vez de martirizarte pensando que eres una mala persona y que tu relación no tiene futuro (si coincide que en esas fechas tienes una discusión con tu pareja), puedes tomarte un momento, recapacitar y pensar que estás de peor humor debido a tus hormonas y que en el momento en el que sientas que te vas a cabrear, lo mejor es parar, coger aire y hacer algunas de las actividades que hemos escogido como impulsores del buen humor, en vez de lanzarte a una discusión sin sentido u obligarte a hacer algo que no quieres y que va a hacer que te sientas mal contigo misma (¿comerme toda la caja de galletas o bajar a comprar helado? Piénsalo, recapacita para ver qué se esconde detrás de esa conducta).

Y por último, como colofón final, si a la vez vas rellenando tu diario de gratitud, ¡puedo asegurarte que tu 2018 va a ser un año único y muy especial! Tú pones los límites. Recuerda que el mundo no tiene barreras, las barreras nos las ponemos nosotros. ¡Busca tu felicidad y que tengas un año lleno de aprendizaje y conocimiento!

 

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Este año cambia de estrategia: ¿Tienes una lista de propósitos?

Leyendo algunos artículos sobre listas de propósitos y tareas que hacer durante el año, llego a la conclusión de que muchas personas se sienten totalmente desbordadas por el ritmo frenético que esta sociedad nos impone.

Para ser productivos necesitamos embarcarnos en millones de cosas que “deberíamos” hacer, que nos hagan ganar reconocimiento, sentirnos más seguros en nuestro puesto de trabajo, quedar mejor con nuestros familiares y amigos… pero ¿crees que eso realmente nos hace felices? ¿Crees que todas estas auto-imposiciones nos llevan a un camino de felicidad, de crecimiento o, por el contrario nos sumergen en la frustración y el desencanto?

Yo creo que en el punto medio está la virtud. Como en todo.

A mí me encanta hacer listas. Soy feliz en los comienzos de año, de estaciones, de temporadas… en cualquier empiezo. Me gusta retarme a mí misma y ver que soy capaz de embarcarme en cosas nuevas, aprender por el camino y, a veces, finalizarlo con éxito (el éxito no debe ser el fin, sino el camino mismo).

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Sin embargo, conozco mis limitaciones y prioridades. Por eso, para mí hacer una lista de propósitos a principios de año significa marcar la dirección que quiero llevar durante ese tiempo, para no desviarme de mis objetivos y saber dónde tengo que trabajar más (o invertir más tiempo) para ser más productiva (llámalo x, puede ser más satisfecha con mi tiempo y trabajo, más feliz, más alineada con mi estilo de vida…).

Para algunas personas, por el contrario, supone un cúmulo de obligaciones y “deberías” que llevan postergando año tras año, intentándolo de nuevo cada 1 de enero y fracasando estrepitosamente a los pocos días o semanas. ¿Por qué?

Tan importante es el hacer como el no hacer.

Y aquí precisamente el no hacer es la clave. Nos estamos obligando a hacer y cumplir tareas que no nos satisfacen, que nos hacen sentir miserables o que sabemos que no podemos mantener en el tiempo. Eso genera malestar, frustración, infelicidad y pérdida de confianza en uno mismo. Y, a la larga, la sensación de que nunca podremos conseguir lo que nos proponemos.

Solución: ¿realmente eso es lo que quieres conseguir?

Deja de hacer listas imposibles de propósitos y haz listas de no-propósitos. Y que no se te olvide de que deben de ser tus propios propósitos, lo que tú realmente quieres que sea tu vida, hacia dónde quieres llegar (no tiene porqué ser a largo plazo o en un año. Puedes hacer tus listas cuando quieras, lo largas que quieras y con la meta donde quieras. Listas mensuales o semanales también sirven). Esto te ayuda a quitar de tu vida actividades innecesarias que te roban tiempo y cargan de ansiedad.

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Un ejemplo simple: te apuntaste a un curso en el trabajo que no te gusta nada. Tardas 40 minutos en llegar al sitio y acabas a las 9 de la noche. Lo haces porque quedas bien con tu jefe pero sabes que no te va a aportar nada. Te frustras porque no puedes cenar tranquilamente con tu familia y tienes la sensación de que toda tu vida gira entorno a la empresa de otro. Solución: deja de ir al curso. Si es algo que realmente te va a hacer crecer profesionalmente, busca otras opciones (¿Podrías hacerlo online? ¿Podrías aplazarlo para el verano? Si tan importante es para tu jefe, negocia hacerlo en horas de trabajo, así al menos no sentirás que te roban tu tiempo libre. Estás en tu derecho, créelo, repítetelo, siéntelo). Si lo haces por quedar bien, vete buscando otra alternativa. Tu felicidad es más importante que la felicidad de otros. En ese tiempo podrías ir a la clase de yoga que siempre acabas aplazando o cenar con tu familia tranquilamente.

Otro ejemplo: es 1 de enero y debes apuntarte al gimnasio, aprovechar que todo el mundo está tan motivado que te sumas a la onda porque sabes que de esta vez no pasa que cojas la rutina de entrenar. Sin embargo, ¡oh oh! Al salir del trabajo el gimnasio está a reventar. Prácticamente tienes que hacer cola en todas las máquinas y ejercicios. Lo que podrías hacer en 1h se convierte en cerca de 2 y media… te frustras, pero como estás convencidx de que es tu momento, decides ir por la mañana, antes de trabajar. Despertador a las 5.30am. Primer día, quieres morirte. Te cuesta horrores levantarte, pero vas, aguantas y consigues entrenar, aunque tienes el día al revés. Estás destrozadx y exhaustx. Segundo día, te quedas dormidx. Te maldices, te auto-convences de que de mañana no pasa que vayas y de que no deberías ni intentar ir por la tarde porque va a ser un pá ná que te va a poner de mala leche.  Tercer día, aunque te levantas temprano, te haces un lío y te pones mil excusas antes de ir al gym (que si un cafelito, que si preparar la mochila, que si revisar el correo mientras tomas el cafelito…). Se hace tarde (¿en serio? ¿Te has preguntado por qué o no quieres escucharlo?), es viernes y decides que ya que no has ido al gimnasio, puedes ir a echar una carrerita por la tarde, al salir del trabajo. ¿Y sabes qué? Después del trabajo te invitan a tomar un algo, ¡es año nuevo! ¡No seas aguafiestas! Y, cómo no, no entrenas tampoco. Ni el sábado, ni el domingo. Y llega de nuevo el lunes y, después de una semana de procrastinación y de obligarte a ir en contra de tu corriente, abandonas. Otro año más, decides que no tienes fuerza de voluntad, que no vales para el deporte, que hay algo mal en ti. Y te lanzas al roscón que encuentras en la despensa, mientras llenas tu cerebro de azúcar y de resentimiento.

Mi consejo es que dejes de hacer listas de propósitos y te centres en las listas de no-propósitos.

Ojo, que cuestan más que las de propósitos, pero el resultado merece mucho más la pena porque te van a permitir centrarte en lo que realmente quieres conseguir, en vez de dispersarte y disuadirte de conseguir tus verdaderos objetivos perdiendo el tiempo en actividades poco productivas.

Simplemente hazte con una libreta y un boli, ponte una música tranquila, una infusión calentita y dedica un rato  a responder estas preguntas (si lo tuyo es ir al top 5 de propósitos de Instagram y hacerlos tuyos en 5 minutos, deja de leer aquí, olvida todo lo anterior y cierra mi blog. Que te vaya bonito). No hay soluciones fáciles ni rápidas si son las de otros y no las trabajas. Así de claro. Necesitas invertir tiempo en ti, preguntarte y pensar. Aunque cueste trabajo. Si no lo haces tú, nadie lo hará por ti y siempre te sentirás defraudadx, frustradx y con la sensación de que nunca puedes conseguir lo que te propones):

  • ¿Qué has conseguido hasta el momento?
  • ¿Eran esos objetivos vitales, cosas que siempre has querido conseguir o te los marcaron otros?
  • ¿Qué quieres conseguir ahora (esta pregunta es difícil, si no eres capaz de escribir nada, no te agobies. Empieza por cosas que no quieres conseguir. Escribe también qué hace que te sientas bien, satisfechx contigo mismx. Qué te gusta hacer en tu tiempo libre. Qué temas te gusta leer cuando tienes un rato. Te darán pistas de hacia dónde invertir tu tiempo)?
  • ¿Hay alguna actividad que hagas porque tienes la impresión de que “deberías” hacerla pero tienes sentimientos negativos, de negación o resentimiento hacia ella? (Piensa en ese curso que haces “por si acaso” que te roba tiempo y energía, además de dinero. Piensa en los atascos que te chupas por la mañana y que hacen que no tengas tiempo por ejemplo para entrenar. ¿Podrías ir caminando o en bici? Es mejor algo de actividad que ninguna. Piensa siempre en términos relativos y positivos. No te auto-programes para pensar en binario y ponerte en lo peor. Creemos lo que pensamos y nos auto-programamos para ello con nuestro diálogo interno. Si piensas y te repites continuamente que eres un vagx y que en tu vida no hay tiempo para el ejercicio, que caminar no es igual que ir al gimnasio y te cierras a probar otras alternativas, es lo que tu cerebro va a interpretar al final, y lo va a hacer suyo y acabarás siendo así.
  • Escribe los pros y contras de esas actividades que acabas de anotar anteriormente. ¿Estás hablándote despectivamente acerca de ellas? Identifica ese diálogo interno y desenmascáralo. En el caso del atasco: ¿te estás poniendo una excusa para no entrenar? Sabes de sobra que es mejor caminar o montar en bici durante 30-40 minutos que no hacer nada durante todo el día. ¿Te genera ansiedad la idea de ir al gimnasio? ¿Qué hay detrás del uso del coche como no alternativa a otra opción más saludable? ¿Te sientes más segurx, más poderosx llegando al trabajo en coche? ¿Piensas que te verán como un perdedor si te ven llegar en bici? ¿Puedes desarrollar un poco más este sentimiento? ¿Puede más para ti el qué dirán que tu salud, que tu estado de forma física? Esto es solo un ejemplo, identifica tus propias situaciones, hazte todas las preguntas que necesites y no te censures. Solo de esta forma podrás llegar a determinar tus verdaderos potenciales, los propósitos que van a conducirte a tu felicidad, a tu crecimiento real.
  • Es tiempo ahora de pasar a la acción. Lista todas las actividades con más carga negativa que positiva y especifica un plan de acción para acabar con ellas (por ejemplo, si te amarga la vida ir a hacer la compra, puedes comprar online y olvidarte del suplicio. Otro ejemplo, si odias ir al gimnasio busca una actividad que te guste y que puedas compaginar e integrar en tu estilo de vida, ¿qué tal esa clase de yoga o baile que acabas siempre posponiendo porque tu felicidad no cuenta y siempre hay algo más importante? Es hora de que tu felicidad y bienestar tengan un sitio en tu vida. Ya está bien de dejarla siempre en último lugar y anteponer todo tipo de compromisos antes que ella). Pueden ser varias, ¡cada persona es diferente! ¡Igual para ti es ir a hacer la compra y para mi es ir al gimnasio! No te juzgues, hazlo desde el respeto y el amor propio. Ten en cuenta que todo esto es para ti, no es para nadie más. Otra cosa, no te obsesiones con la longitud de la lista. Puede ser desde un propósito a los que quieras. Mi recomendación es que tampoco te pases y empieces con un número razonable, cosas que sepas que son adecuadas para ti en este momento. Entre 3-8 propósitos o no-propósitos sería un número adecuado.
  • Voilà! Ya tienes tu lista de no-propósitos. Ponla en un lugar visible y actualízala cada cierto tiempo. Te sorprenderás al descubrir la de cosas que nos obligamos a hacer y que no nos llevan a nada más que a perder nuestro tiempo y hacernos sentir mal y menos válidos, ¡sobre todo con nosotros mismos!

¡Te animo a que te pongas manos a la obra con tu lista YA y me compartas tus impresiones!

¡Que tengas un grandísimo y productivo 2018!