Un poquito más sobre mí: Quién soy

¡Hola! Antes que nada, quiero darte la bienvenida a mi blog y presentarme. Y bueno, darte las gracias también por haber llegado aquí y dedicar unos minutitos de tu valioso tiempo a leerme.

La presentación corta (no mi preferida) es la siguiente: me llamo Cristina, soy dietista y estoy aquí para ayudarte a llevar una vida más saludable. Y tú dirás, ¿cómo es eso posible, cómo me piensas ayudar? o ¿qué te hace especial para ello?

En ese caso, déjame que utilice la presentación larga, donde te contaré un poco cuál ha sido mi trayectoria y el porqué de un sitio como este. Por qué acabé siendo dietista y, lo más importante, por qué quiero ayudarte y cómo pretendo hacerlo.

Mi historia es la historia de la reinvención; quizá quede ostentoso escrito así pero, créeme, no es para nada original. En estos últimos años parece frecuente encontrar a personas que han sabido enderezar el rumbo y dedicarse a explotar sus pasiones. Y no solo hablo de reinvención profesional, sino también personal. Y es lo que seguramente, de fondo, seas capaz de leer entrelíneas a través de cada post.

En la escuela, muy concentrada 😛

Deja que empiece por el principio. Cuando me tocó ir a la universidad no tenía muy claro qué quería estudiar. Seguramente te suene la historia: era la típica estudiante que en el bachillerato me gustaba todo, o se me daba bien, pero no acababa de decidirme por nada. No tenía claro a qué quería dedicar el resto de mi vida. Todo me gustaba y disgustaba a partes iguales, así que me dejé llevar por padres y profesores y acabé estudiando una ingeniería.

Unos estudios que me saqué con relativa facilidad pero que en el fondo no sentía que fuera lo que yo había venido a hacer a este mundo.

Sin embargo, acabé la carrera (topografía, para los curiosos) y empecé a trabajar como ingeniera (lo que tocaba, vamos), con la sensación agridulce de no saber si realmente eso me haría feliz. Al principio tampoco me daba mucha cuenta de nada, la verdad. Más bien era todo nuevo, tenía que adaptarme a todo y hasta me resultaba divertido. Tenía mi primer trabajo, estaba aprendiendo mucho y quería darme la oportunidad de convencerme de que este trabajo y esta vida que había decidido llevar, era para mi. Me equivocaba.

Aún así, no quería darme por vencida. Pensaba que era cobarde retroceder, que estaba siendo egoísta simplemente pensando que no me gustaba el trabajo. Que a nadie le gusta su trabajo y, sin embargo, ahí están aguantando… Todos los días trataba de convencerme de que no estaba tan mal. Proviniendo de una familia humilde, tener un trabajo como ingeniera, que te proporcionaran coche, móvil y que estuviera viajando tanto, era un orgullo y era algo por lo que tenía que estar contenta…

Trabajando en Gibraltar, en la refinería

Tras varios años de jornadas infinitas, comidas desordenadas y menús de carreteras, kilómetros y kilómetros de carreteras secundarias, noches de hotel, cero vida social y vínculos afectivos, mi cabeza y mi cuerpo empezaron a mandarme señales de que algo no iba bien. Aunque yo me esforzaba por seguir ignorando la evidencia. Tenía que seguir siendo la perfecta hija, la perfecta mujer trabajadora, la súper heroína…

Si no tuviera bastante con el trabajo, trataba de llenar al máximo mi agenda para no pensar mucho en lo que dolía, por dentro. Para estar continuamente ocupada y no tener ni un solo momento para pensar en mí, en mis necesidades.

Como era normal, tanto estrés, tanta negación, dio lugar a un estado de agotamiento brutal. Iba por la calle deambulando, con la energía por los suelos. De repente, me acordé de la actividad física. Desde la uni me había acostumbrado a hacer algo de ejercicio ocasionalmente, nada obsesivo, pero sí lo justo para sentirme bien conmigo misma, porque me gustaba la sensación que quedaba después de entrenar. Volví a retomarlo, esta vez no de forma tan saludable. Al principio ayudaba contra el insomnio. Llegaba a casa todavía más agotada y esto hacía que pudiera descansar aunque fuera algunas horas. Sin embargo, poco a poco se fue convirtiendo en una válvula de escape, una vía alternativa que me permitía callar mi cabeza y no pensar. Solo dejarme llevar.

Pero la delgada línea entre adicción y bienestar se difuminó, haciéndose imperceptible y acabé enganchada al ejercicio fisico. Para no pensar, para no enfrentarme a mi insatisfacción. Para evadirme de mi realidad.

Con mi coche de empresa… No estaba tan mal…

Tanto me enganché que hasta me ponía de mal humor si no entrenaba a diario. Daba igual que estuviera en casa o en cualquier pueblo de Andalucía. Siempre llevaba mis zapatillas en el maletero. Siempre lista. Empecé a descuidar mis relaciones por entrenar y se me fue de las manos. Había días en que salía a entrenar a las 12 de la noche, tras más de 12 horas trabajando, o días en que me levantaba a las 5 de la mañana para poder entrenar, si iban a ser días de reuniones y noches de hotel que podrían empalmarse y dar lugar a menos de 3 entrenos a la semana… Hasta ese punto. Brutal. Insano.

“Te estás quedando muy delgada”, me decían unos. “Tienes mala cara”, otros. Se me estaba empezando a caer el pelo, el estrés y el insomnio no me permitían más que arrastrarme en mi día a día… Y yo venga café tras café. Empezaron los dolores de barriga (que más tarde se transformaron en intestino irritable), la regla empezaba a revelarse también, desajustándose, yendo y viniendo… Total. Que me estaba consumiendo a mí misma. Todos lo veían, menos yo, que seguía pretendiendo ser coherente con mis circunstancias, con un pasado que no elegí.

Hasta que llegó la crisis. Bendita crisis.

Por aquel entonces, cada vez más consciente de que mi vida (al menos en lo profesional) necesitaba un giro radical, busqué un cambio de trabajo. Sin alejarme de mi profesión, dejé la consultoría, la obra, los viajes y las carreteras y me puse a trabajar para la administración. Sin embargo, este trabajo que me gustaba un poquito más, se fue. Bienvenida a la realidad. Bienvenida a la crisis. Corría el 2009 o así, y en España empezaban a caer chuzos de punta (como se dice en mi tierra). El apocalipsis llegaba y, mientras, yo renacía de entre mis miserias, mientras el mundo se lamentaba.

Y ese fue el primer paso para darme cuenta de que la realidad es neutra, y que nosotros escogemos cómo nos afectan las cosas. Y en vez de deprimirme por haber perdido mi trabajo, por la crisis que acechaba, por la incertidumbre, decidí enfrentarme a la situación y entenderlo como el momento que había estado esperando para dar a mi vida el giro que necesitaba. Para hacerla realmente mía.

En la carrera de la mujer, con mi amiga Caro

Por aquellos entonces estaba en bastante buena forma física. Nunca abandoné ya el hábito de entrenar, aunque poco a poco iba creando una relación más sana con el ejercicio . Y, casi sin darme cuenta, empezó a brillar una chispita. Y entendí que para mi el ejercicio era una evasión, un momento de placer, de distensión. Una escapatoria que me hacía sentirme muy bien, antes, durante y después de hacerlo. Además, lo hacía de forma automática, encantada. Y parece que los demás lo percibían, percibían mi disfrute y hasta empezaban a pedirme consejos, recomendaciones, opinión… poco a poco empecé a ver la luz y no estar tan perdida. Hasta entonces tampoco había tenido claro qué quería hacer con mi vida. Sabía qué no quería, pero nunca había dado con mi pasión, con algo de lo que no me aburriera, algo que de verdad me llenara.

Quería hacer algo que tuviera repercusión, que pudiera ayudar a la gente.

Después de una temporada de introspección, autoconocimiento y mucha búsqueda, empecé a ahondar en el concepto de pasión (aunque por aquellos entonces lo veía más como aquello por lo que me desvivía, lo que me llevaba horas y horas y no me pesaba y lo que me hacía realmente feliz).  Quería ayudar a la gente a sentirse bien con ellos mismos, ayudarles a alcanzar sus objetivos, entenderlos, ponerme en su lugar… Había padecido en mis carnes lo que era descuidar la alimentación y caer en relaciones tóxicas con el ejercicio. Quería poder ayudar para luchar contra ello. Quería educar a la gente en la forma de alimentarse bien y mantener buenos hábitos, incluida por supuesto la práctica regular de ejercicio.

Haciendo experimentos en clase 🙂

Y así fue como me lancé a por mi sueño y, de nuevo, con 26 añazos ya y unos cuantos años de experiencia en otro campo muy diferente a mis espaldas, con más miedo que vergüenza (no sé si me daba más miedo o más verguenza verme de nuevo estudiando, rodeada de chavales de 18 años…), me matriculé en el ciclo formativo de Dietética  y me saqué con honores mi título de Dietista.

Y te preguntarás, ¿pues no era el deporte tu pasión? Pues como os digo, sí que estaba muy metida en el mundo del fitness y el deporte era algo que simplemente me encantaba hacer. Pero tras mucho meditar y pensar en el tema, era a la nutrición a lo que de verdad quería dedicarme, a pesar de que para ese entonces ya me había sacado varios cursos de fitness (era instructora de Spinning (R) -algo de lo que no me aburro- y entrenadora personal, con especialidad en nutrición deportiva).

Y es que siempre me había interesado la nutrición, desde pequeñita devoraba todo lo que caía en mis manos sobre el tema. En el gimnasio disfrutaba contándole a la gente las dietas que me diseñaba y estaba encantada de preparar dietas para mis amigos y familiares, sintiéndome súper orgullosa a medida que alcanzaban sus objetivos. ¿Por qué no se me había ocurrido antes?

Me hacía realmente feliz imaginarme dedicándome a la nutrición. Quería ayudar al mundo de este modo.

Celebrando que era entrenadora personal!!
Ya soy instructora de Spinning (R)!! Después de la formación 🙂

 

 

 

 

 

Y bueno, a pesar de que la situación en España no estaba lo que se dice en su mejor momento, el hecho de saber que YO me encontraba en el buen camino era algo que, simplemente, me daba fuerza y energía para querer continuar adelante. Para querer seguir ayudando a los demás, dando lo mejor de mi, esforzándome por estudiar y seguir aprendiendo todos los días. Era feliz.

Hasta este momento había estado viviendo en mi Andalucía querida, no tenía nada estable pero iba defendiéndome. Tras el ciclo formativo, empecé a hacer mis pinitos y a pautar mis primeras dietas. También quería dedicarme al mundo de la educación nutricional. Hice el curso de formador ocupacional y tuve la oportunidad de impartir algunas charlas en asociaciones y gimasios. ¡Momentos que disfrutaba muchísimo! Sin embargo, las oportunidades estaban fuera. Llegó la hora de emigrar, ¡rumbo a Madrid!

En el curso de Formador Ocupacional, en 2010. De vuelta a casita, mi primera experiencia en el paro

¡¿Qué voy a contar de Madrid?! La verdad es que los años que pasé en la capi fueron geniales, en lo profesional y en lo personal. Encontré un trabajo en un gimnasio que me permitió seguir aplicando mis conocimientos y dedicarme más profundamente al entrenamiento personal y la nutrición deportiva, y en mis ratos libres atendía a otras personas en casa o me dedicaba a escribir para algunas revistas online, como MiraLES o 100%FIT.

Esto me permitió seguir estudiando, avanzando en esta insaciable sed de conocimiento que me inunda. Porque aunque la nutrición deportiva me gusta -y es lo que más hacía por aquel entonces-, me sentía realmente atraída por la nutrición clínica. Cada vez veía más casos a mi alrededor de hipotiroidismo, síndrome de ovario poliquístico, fatiga crónica… Empecé a investigar esos temas, empecé a leer muchos blogs de gente extranjera (y algunos españoles muy buenos como Fitness Revolucionario, de Marcos Vázquez, Dime qué comes de Lucía Martínez, o Lo que dice la ciencia para adelgazar, de L. Jiménez) especializada en este tipo de trastornos y me di cuenta de que ¡no sabía nada!

Decidí continuar mis estudios de nutrición, matriculándome en la UAM en el Grado de Nutrición Humana y Dietética. Aunque por circunstancias de la vida no he acabado la carrera, nunca he dejado de seguir estudiando y teniendo una mente crítica y en continuo aprendizaje y reciclaje. Y desde luego que no descarto en algún momento retomar la carrera (aunque a veces me tire de los pelos con las cosas que pretenden inculcarnos… Pero eso es otro tema que dejaremos para más adelante…).

Y así pasé mis años en Madrid. Años de prueba y error. De aprendizaje, de mucho estudio. De mucha nutrición deportiva, de mucho entreno y de mucha investigación y autoinvestigación. Experimenté conmigo misma (me encanta hacer de conejillo de indias), como iremos viendo a lo largo de los posts, y empecé a interesarme por otras corrientes, como la dieta paleo, los ayunos intermitentes, las rutinas de ejercicios de alta intensidad para perder grasa, cuando todo el mundo aún se mataba en el gimnasio con interminables horas de cardio…

Y empecé a abrir un hueco en mi mente para otras tendencias. Y aplicarlas y probarlas en mí, y luego en los demás, y descubrir que en el mundo de la nutrición hay muchas ideas preconcebidas. Mucho mito, muchos intereses ocultos. Mucha desinformación y muchísima confusión. Y yo quería combatir eso. Quería saber la verdad y poder difundirla. Quería enseñar a todo el mundo lo que iba descubriendo. Me sentía en la obligación moral de difundir esa información. De ayudar a los demás, de decirles, “oye, hemos estado equivocados mucho tiempo. Vamos a hacer esto…“.

Y me di cuenta que en nutrición, todavía queda mucho que aprender. Tenemos mucho trabajo aún por delante.

Y así, con esta mentalidad revolucionaria aterricé en Irlanda. Donde resido actualmente y donde he tenido la oportunidad de seguir formándome, enriqueciéndome y aplicando cositas interesantes.

Lo que más me sorprende de Irlanda es la dualidad que existe en torno a la nutrición: por un lado, impera la rama clásica, pasada de moda, que defiende el consumo de carbohidratos refinados en la base de la pirámide y potencia el consumo de alimentos procesados. Y, por el otro, surge con fuerza una tendencia más natural que defiende la alimentación ecológica, local, estacional y basada en alimentos reales. Donde me integro totalmente.

Y eso, ¡me encanta! La verdad es que me siento muy agradecida y contenta con el giro que ha dado mi carrera desde que estoy aquí. He tenido la oportunidad de seguir potenciando esa rama de nutrición natural y aprender muchísimo de productos ecológicos, de suplementación natural, del poder de las hierbas, trabajando en una de tienda de salud, como literalmente las llaman aquí. En España aún no tenemos ese concepto (creo), pero son herbolarios-cafeterías-tienda de productos ecológicos-suplementos… Y todo lo relacionado con la nutrición y el bienestar (natural).

Y, por otra parte, el haberme dedicado a la formación durante más de un año, como profesora titular y creadora de contenidos en una academia online. El impartir para un público tan extenso varios cursos de nutrición me ha permitido perfilar mis dotes de comunicación y trasmisión de información. Y me ha llenado enormemente como profesional de la salud, el poder difundir información necesaria y muy importante, y también tener la oportunidad de conocer a muchísimas personas, muy valiosas y con mucho interés, que me han hecho mirar al futuro con un atisbo de esperanza. Porque el mensaje que debemos lanzar es el de que, si queremos, podemos.

Y si te preguntas que en qué ando ahora, durante los últimos tiempos me he formado en Coaching, algo que me apasiona. Y como no podía ser de otra forma con perspectiva de género. Además, estoy matriculada en la escuela privada IHS en Dublín, para obtener mi titulación internacional en Nutritional Therapist y completar mi formación -espero- en Nutrición. ¡Espero que no me despegue mucho del blog!

Y poco a poco, si todos contamos con la información adecuada, podemos cambiar el mundo.

Y esa es la historia de mi vida y de mi propósito. Esto es lo que me empuja a crear este sitio. Mi deseo transparente de hacer del mundo un lugar mejor, de aplicar lo que he aprendido y poder seguir aprendiendo. Y poco a poco, ir viendo cómo se hace realidad ese sueño de ayudar a los demás, ayudarte a llevar una vida más plena, más saludable. A alcanzar tus objetivos de salud y a que te sientas bien contigo misma y con tu cuerpo.

Por eso, aquí vas a poder encontrar de todo, desde nutrición pura y dura, dietas, historias personales, ejercicios y consejos de entrenamiento, anécdotas, espiritualidad y motivación…, pero siempre con la promesa de aportar contenido de valor, con rigor, con buen humor y buen rollo, respetuoso y, cómo no, que te sirva.

Sin duda vas a ser una pieza importantísima. Déjame recordarte que todo esto sin ti no tiene sentido. Sin tus comentarios, sin tu participación, sin tu feedback, ¡esto no sirve de nada! Así que, por favor, ponte cómoda, relájate y ¡siéntete como en casa!

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Quien soy
Desde Dublín, te doy la bienvenida a mi blog! 🙂

 

 

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