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Mi camino hacia la sostenibilidad: Cómo reducir la generación de residuos

Como sabes, durante el año 2018 uno de mis propósitos fue reducir la cantidad de residuos que genero en mi vida.

Y esto conlleva no solo dejar de utilizar bolsas de plástico o cambiarlas por bolsas de papel (no te engañes, así solo cambias los residuos que generas, pero no dejas de generarlos). Sino reducir de verdad TODOS los residuos que genero y llevar una vida más sostenible y en armonía con la naturaleza.

¿Y por qué? Bueno, es obvio que el cambio climático ha dejado de ser esa sombra de incertidumbre con la que nos amenazaban cuando lo estudiábamos en el cole cuando éramos chicas, y empieza a ser algo tangible, algo real. Está claro que la acción humana sobre el medio nos está pasando factura, algo que podemos ver casi sin sorprendernos ya en un clima cada vez más extremo.

En 2006 ya se estaban prediciendo los costes y la repercusión que el cambio climático tendría a nivel mundial, y cómo una reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero podría contrarrestar ese efecto.

Sin embargo, parece que a los gobiernos no les importó esto mucho y, a pesar de las predicciones, no han hecho mucho por controlar dichas emisiones, y si lo han hecho, ha sido en pequeñas y lentas actuaciones, de forma que estamos en una situación de más o menos poco retorno.

Por eso, nosotros, como ciudadanas con criterio y ética, tenemos que actuar. Desde la individualidad y la colectividad, mandando un mensaje de “entre todas podemos”.

Sumando la acción de muchas personas, podemos conseguir un cambio, aunque a los de arriba no les importe esto mucho.

Y si te preguntas si de verdad un esfuerzo por tu parte puede tener algún impacto, deja que te liste algunas estadísticas [1 y 2]. Si tienes hijos, sobrinos, nietos o simplemente la esperanza de dejar un mundo mejor del que te encontraste, te aseguro que ya valdrá la pena intentarlo:

  • En 2007 el hielo del Mar Ártico alcanzó un mínimo histórico (23% menos que en 2005). En los últimos 20 años la cantidad de hielo se ha reducido un 6% y la temperatura ha aumentado 5ºC sobre los últimos 100 años. Si seguimos a este ritmo, de aquí a 2050 se espera una pérdida del 60% del hielo ártico.
  • Como consecuencia de lo anterior, el nivel del mar podría aumentar hasta 1 metro de aquí a 2100 si la temperatura continúa aumentando y el hielo derritiéndose. Piensa que habrá ciudades costeras que desaparecerán.
  • Las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera han alcanzado un máximo histórico.
  • Entre 15-35% de las especies en zonas de alta diversidad podrían extinguirse de aquí a 2050 debido al cambio climático y a la deforestación (también al uso intensivo de la tierra para alimentar ganado o sembrar cosechas de forma intensiva).
  • Las reservas de agua potable podrían estar en peligro debido a que ha reducido la cantidad de nieve en la mayoría de regiones frías. Solo en el hemisferio norte, la cantidad de nieve caída entre invierno y primavera ha reducido un 7%.

Lo que está claro es que necesitamos un cambio. Estamos perdiendo nuestra diversidad, la flora y la fauna están en peligro. Las reservas de agua están en peligro. Los riesgos de inundación, temporales, huracanes y otros fenómenos climáticos cada vez están más al alza.

Y ante ésto, tenemos una responsabilidad. Actuar. Y sí, tu esfuerzo también es vital. No pienses que porque es algo aislado no marca la diferencia.

Y no, no te pienses que por reciclar o comprar productos reciclables ya estás contribuyendo, y te limpias tu conciencia mientras sigues generando. Por supuesto que es mejor que algo sea reciclable a que no lo sea. Pero el truco está en disminuir la cantidad de residuos que generamos.

Si puedes reusar, mejor que reciclar. Si puedes rellenar, mejor que reciclar. Si puedes regalar, mejor que reciclar.

Y antes de contarte exactamente cómo he conseguido reducir mi impacto, te cuento lo que podemos hacer a nivel colectivo:

  1. Reducir el consumo de combustibles fósiles. ¿Cómo? Pues por ejemplo ahorrando energía en casa y cambiándote a alternativas verdes, evitando productos derivados del petróleo (limpiadores, cosméticos, plásticos, etc.), utilizando más el transporte público, yendo en bicicleta o compartiendo tu vehículo (si piensas en comprar uno, podrías considerar un modelo híbrido o eléctrico dependiendo de tus necesidades), por ejemplo.
  2. Rechazar pesticidas y reducir el consumo de alimentos de origen animal. Compra orgánico siempre que puedas. Si no puedes permitírtelo, recurre a alimentos de cercanía, locales (ahorras en transporte y distribución y te aseguras de que los alimentos gocen de su punto óptimo de maduración y nutrientes). Si tienes la suerte de contar con balcón o jardín, puedes empezar a plantar tus propias cosechas. Empieza por algunas plantas sencillitas y, quién sabe, en unos meses ¡igual puedes autoabastecerte! Y si comes carnes y/o productos animales, asegúrate de que sean animales criados en libertad y en pequeñas explotaciones. Considera además reducir tu consumo de carne si la comes a diario. Alternativas proteicas vegetales como las legumbres, necesitan muchos menos recursos para su producción, son más baratas y una buena opción si estás pensando en reducir tu consumo.
  3. Deja de utilizar y comprar plásticos. La mayoría tardan cientos de años en descomponerse, contaminan el medio y la cadena alimentaria y, además, favorecen la entrada de tóxicos en nuestro organismo, provocando desarreglos hormonales. Si te interesa, se denominan disruptores metabólicos y tengo intención de escribir más sobre ellos en breve.
  4. Recicla y reutiliza cuanto puedas. Y remarco el reutiliza. Reciclar está muy bien, pero si te vas a volver loca tirando cosas que aún pueden ser utilizadas durante mucho tiempo, tampoco arreglamos nada. Consiste en generar poca basura, no en seguir consumiendo -aunque hablemos de alternativas más sostenibles el daño ya está hecho-. Utiliza las cosas hasta que ya no se pueda más y luego, cámbialas por alternativas más sostenibles.
  5. Compra de fuentes sostenibles. Y este punto es importantísimo. Si quieres contribuir a la causa, tienes que abandonar el consumismo. Es mejor comprar artículos de buena calidad, de fuentes sostenibles que cuidan el medio en su elaboración y materias primas, que consumir en masa productos de mala calidad, a un precio inferior que te duran lo que dura un suspiro, que no tienen en cuenta las condiciones del trabajador, el medio o la materia prima.  ¿Cómo sabes cuáles son? Busca aquellos que indiquen de Comercio Justo [3] (respetan las condiciones e igualdad del trabajador, asegurando un salario digno y no apoyando la explotación infantil, por ejemplo, o asegurando prácticas respetuosas con el medio ambiente en la fabricación de sus productos), o investiga un poco acerca de la marca. ¡Hoy todo está en Internet!

Y ahora sí, te voy a contar lo que he conseguido durante estos meses, cuáles son mis metas a largo plazo y dónde creo que necesitamos mejorar.

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Photo by Markus Spiske on Unsplash

Y empiezo por los plásticos porque creo que es lo que más impacto tiene a nivel individual. Porque está muy bien reducir tu consumo de plástico, pero obsesionarte ahora con cambiar todas las cosas de plástico por equivalentes de madera o papel, o sucedáneo, también es consumismo y generación de residuos. Y sí, puede que no te sientas tan cool, de acuerdo. Pero es una postura hipócrita. Y a la hora de reducir residuos de verdad hay que ser un poco drásticas. Y esto me lo encuentro a diario.

Y si tienes que quedarte con el peine de plástico hasta que se rompa, ¡pues quédate!, porque sí, contamina, es plástico. Pero ya está ahí. Si te vas al Tiger a comprar un peine de madera, hecho en la Conchinchina, costándote 2€ y potenciando un sistema consumista que no respeta los derechos de los trabajadores ni unas condiciones mínimas de trabajo, sigues chupando del bote, ¿lo ves? Y lo siento mucho por ser tan directa, pero así no estás haciendo nada por cambiar el sistema. Vale, quizá la foto de Instagram con tu peine de madera sea mucho más sexy. Pero tú no tienes ni idea de lo que es mirar por el medio ambiente.

Porque precisamente una de las cosas que más impacto tienen si de verdad queremos ayudar a reducir nuestro impacto medioambiental y a cuidar del planeta, es consumir menos.

Y sí, consumir menos plástico es muy importante. Pero si ya lo tienes, no corras a comprar la alternativa. Reutiliza y re-aprovecha antes. Piensa que la energía para fabricarlos ya está gastada. El producto ya está ahí. Si vas a comprar una alternativa, estás generando residuos (los del producto antiguo más la fabricación del nuevo, en según qué condiciones) y quizá tu peine de plástico puede vivir unos cuantos años más contigo, funcionando perfectamente.

Moraleja: antes de volvernos locas y tirar todo lo que tenemos en casa, piensa si aún puedes sacar algo de provecho a lo que tienes.

Y si no lo puedes sacar, al menos busca alternativas sostenibles y éticas. Porque si vas a acabar comprando un producto de mala calidad, que no respeta unas condiciones de fabricación mínimas (por ejemplo, una madera que contribuya a la deforestación de bosques -la reconocerás porque el producto, en vez de 15-20€, te costaría 2-3€) y vas a tener que cambiarlo a los 3 meses, ¿qué gracia tiene?

Al final, vas a estar generando casi más residuos así, comprando productos supuestamente sostenibles, de mala calidad, que seguir utilizando lo que ya tienes o invertir en un producto de calidad que te dure toda la vida.

Más cositas:

  1. Cambiar los estropajos de cocina por esponjas de “lufa” (fibra vegetal natural que se obtiene del secado de una especie de pepino. Y no, no estoy de coña 🙃). Esto supone ya un punto de no retorno en mi vida [4].
  2. Dejar de utilizar bolsas de plástico o papel y, en su lugar, utilizar bolsas de tela. También utilizo bolsas de plástico o papel que ya tenía o que voy coleccionando sin remedio (por ejemplo, no soy capaz de encontrar espinacas u otras hojas de ensalada que no vengan envasadas. Esas bolsas las reutilizo para guardar verduras o como bolsas de basura).
  3. Comprar a granel y al peso, prescindiendo de alimentos que ya vengan envasados. Esto se aplica sobre todo para verduras, legumbres, frutos secos y frutas. Y, de nuevo, no te engañes. Si los compras envasados y luego les dejas los envoltorios a los del súper, no estás contribuyendo a reducir residuos, estás tirando balones fuera. Compra directamente vegetales sin envasar. Mi objetivo para 2019 es seguir reduciendo en este sentido. Ahora más o menos el 60-70% de mis compras es a granel/peso. Voy a intentar acercarme al 80-90%.
  4. Hacer mis propias leches vegetales y panes. Y este punto es el que, sin duda, ha supuesto una diferencia mayor en mi generación de residuos y en mi ahorro total. Con una inversión de alrededor de 30€ que es lo que me costó la “Chufa mix” [5] (el cacharrito para hacer las leches vegetales),estoy ahorrándole al planeta unos 3-4 bricks mensuales y, a mi bolsillo una media de 50€/mes. Como lo lees. Porque no solo hago la leche, sino que también aprovecho los restos de granos/semillas para elaborar panes, hamburguesas vegetales o galletas. Y de paso, ya no compro estos productos, sino que los hago yo, ahorrando también una cantidad importante en dinero y envases al mundo. reducir residuos
  5. Elaborar mis propios cosméticos. Como desodorantes, pasta de dientes o detergente. Este paso quizá es el más hardcore, pero créeme, se trata simplemente de vencer la pereza y ponerte a hacerlo, sin pensar. Aquí tengo que seguir mejorando y probando diferentes recetas y combinaciones. De momento estoy bastante contenta con la pasta de dientes y el desodorante.
  6. Comprar jabones y champú sólidos, en pastilla. Reduciendo los químicos que contienen y todos los envases. Y además, ¡duran un montón!
  7. Rellenar detergentes, lavavajillas, limpiasuelos y jabones. Ganamos todas con ésto: es más barato que comprar de nuevo el producto con botella y, además, no tengo que estar generando más residuos cada vez que tengo que desechar una botella. Aquí tengo poco que mejorar, puesto que hace años que no compro una botella de plástico de este tipo. Seguiré reutilizando.
  8. Esto no es nuevo, pero desde luego es un puntazo: utilizar una copa menstrual. Es la mejor inversión de mi vida, en cuanto a ahorro, sostenibilidad y comodidad. No te voy a intentar convencer. Tienes que probarla y tú misma lo comprobarás. Eso sí, hasta que des con tu copa ideal igual tienes que probar varias marcas. No te desanimes, te prometo que valdrá la pena. También utilizo otros productos de higiene femenina elaborados con algodón orgánico y fibras sostenibles y biodegradables. Y otras opciones que aún no he probado son las braguitas absorbentes y las compresas de tela reutilizables (sé que tengo un regalito esperándome en Villafranca… 😍😊).
  9. Aprovechar todas las partes aprovechables de los alimentos. Por ejemplo, la calabaza. Antes solo empleaba la carne y tiraba las pipas. Pero, ¿sabes qué? No te llevará más de 10 minutos sacar las pipas, limpiarlas, tostarlas y disfrutar. Ahorras un dinerito y ¡no sabes cuánto al medio ambiente! La mayoría de pipas de calabaza vienen de China, con el impacto que eso tiene. De esta forma, tus pipas de calabaza son de cercanía, ahorras unos euros y, además, el proceso de pelado puede suponer una actividad de meditación y contemplación. Como ves, todo son ventajas. reducir residuos
  10. Apuntarme a un grupo de consumo o cooperativa. Este paso es también vital, porque no solo reduce el coste derivado de la distribución y transporte. También gano en calidad, al ser productos locales, de cercanía y producidos de forma sostenible. Además, al ser un grupo privado reduce los costes, pudiéndose compartir los mismos e incluso haciendo pedidos al por mayor al distribuidor y luego dividir los costes. Y, lo más importante, ganamos en conciencia social. Y te darás cuenta de que no estamos tan solas en esto como pensábamos.
  11. Disminuir mi consumo de carne. Especialmente carne de supermercado, producida de forma intensiva. Aunque en realidad ya no compro carne, si se me antoja alguna vez cuando voy a casa o salgo a comer fuera, no me privo. Eso sí, escojo en consecuencia. También he reducido el consumo de pescado, huevos y lácteos. Como éstos los consumo más, procuro que sean ecológicos. Y sí, son más caros, por eso en vez de a diario, mi consumo es ocasional (varias veces a la semana) y no pasa nada. En su lugar, estoy consumiendo más proteína vegetal como legumbres y nunca me había sentido tan bien 😍
  12. Y, en general, reducir el nivel de consumo. Y este paso es del que, quizás, me siento más orgullosa y satisfecha. Porque no nos damos cuenta del nivel de dependencia que tenemos hacia la cultura de la adquisición. Del comprar y comprar sin parar, incluso sin hacernos falta el producto que sea. Y te das cuenta de que a más tienes, más quieres. Todavía no has acabado de pagar el móvil, ya quieres uno nuevo. Todavía ni te has puesto los zapatos nuevos que te compraste para celebrar que cambiaste de trabajo, ya quieres unos nuevos que le viste a tu cuñada; tienes cien chándals en el armario que no usas, pero te llega un email de Vente Privé con una promo increíble de Adidas que no puedes dejar pasar, y acabas comprando 4 prendas para que no te cobren los gastos de envío… Y la lista puede seguir y seguir sin parar, porque perdemos totalmente el sentido de lo que gastamos -y es que es muy fácil perder el norte hoy en día con eso-. Y no nos damos cuenta. Y cuando nos damos cuenta, nos avergonzamos y no queremos responsabilizarnos por ello. Porque a nadie le gusta con la que está cayendo, dar explicaciones de lo que hace con su dinero, ¿verdad? Sobre todo cuando implica compras irresponsables que no son para nada imprescindibles. Un truco: date de baja o desactiva los emails publicitarios con campañas de estas marcas. Así, solo accedes cuando necesites algo de verdad. Ojos que no ven…

Por favor, que no se me malinterprete. No quiero decir aquí que haya que vivir una vida mísera, austera y sin darnos un gusto de vez en cuando. Para nada. Más bien al contrario, desvincularnos del gasto compulsivo que a veces, puede suponer incluso desequilibrios financieros graves, y ser conscientes de lo que realmente necesitamos para ser felices y si los productos que compramos contribuyen a ello.

No sabes lo liberador que es darse cuenta de que los productos no te van a dar la felicidad. De que a más consumas, más feliz vas a ser. Es mentira. Es un círculo vicioso que te va a empujar a tener más, para retro-alimentar esa idea.

Y desde aquí te animo a probar, aunque sea por unas semanas, lo liberador que es salirse del sistema y no comprar de forma irracional. Para mí ha supuesto una diferencia abismal.

Sé que este artículo puede ser un poquito controvertido y herir sensibilidades. Pero creo que necesitamos despertar del letargo y darnos cuenta de la situación que tenemos. Basta ya de vestir la venda y dejarnos engañar por los de arriba. ¡Hay que tomar conciencia!

Si te ha gustado el artículo, comparte, comenta y házmelo saber por las redes. Y si quieres que siga escribiendo sobre este tema, o que profundice en alguna de las cosas de las que hablo, házmelo saber. Estoy deseando leer tus comentarios.

Cuéntame también qué estás haciendo tú para reducir tu impacto medioambiental y si vas a empezar a poner en práctica algunos de los puntos que hablo en al artículo. ¡Entre todas podemos!


Recursos y bibliografía:
  1. Web de la NASA, donde puedes consultar un montón de estadísticas y datos acerca del cambio climático y el impacto humano sobre nuestro planeta.
  2. Más datos sobre el cambio climático y su impacto.
  3. Web de Comercio Justo.
  4. Esta web es súper cool, tienen mucha información en línea con lo que te cuento aquí: como llevar una vida más sostenible, por qué, cómo consumir menos, etc.
  5. Web de ChufaMix. Que conste que no me dan un céntimo por publicitarlos, pero estoy tan contenta con su adquisición que poco me importa 😊
  6. Web súper interesante sobre el reciclaje. En inglés.
  7. Organización que campaña por la necesidad de reemplazar cosméticos y productos de belleza libres de químicos. Ofrece mucha información sobre los riesgos que conllevan los químicos de estos productos y cómo buscar mejores alternativas. En inglés.

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Cristina

¡Hola! Soy Cristina y soy la responsable de que este blog tenga vida. Soy una apasionada de la nutrición, de la comida de verdad, de la cocina y de la vida activa, me apasiona el fitness y todo lo que conlleva sentirse bien, por dentro y por fuera. En este espacio podrás encontrar cualquier cosa relacionada con algún aspecto de la salud, especialmente me interesa la salud de la mujer, los trastornos hormonales (hablaré bastante de tiroides, ya que yo también lo padezco), dietas, diseño de menús y otras cositas que me parezcan interesantes y que estén relacionadas con lo anterior. Por supuesto, esto es un espacio vivo. ¡Así que puedes sentirte libre de participar y comentar lo que te apetezca! Si te apetece leer algo más sobre mi, puedes echar un vistazo en el menú superior "Quién soy". Bienvenid@ a Factoría de Salud y espero que disfrutes la lectura :)

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