comida real

¿Otra moda o viene para quedarse?: Comida real

Hoy quiero hablar de comida real.

Este movimiento que está ahora tan de moda y que, desde luego, está ayudando mucho a simplificar las cosas y a entender mejor cómo llevar una dieta adecuada.

Sin embargo, como todas las modas y todas las corrientes, acaba desvirtuando su concepto y separándose de su propósito original. Al final, se crean binarismos casi sectarios, con reglas, atajos mentales y “pecados reales” que, por mucha comida real que contengan, ya no entran dentro de una dieta equilibrada.

Y sin embargo, sus seguidores están tan cegados, que son incapaces de ver eso. Y algo que en principio es tan bueno y tan poderoso, en mi opinión puede llegar a degenerar, desmoronarse y caer por su propio peso.

Esto me da mucha pena porque creo firmemente en el poder de la comida real y el daño que hace la industria con sus productos procesados.

Igual que pasó con la dieta paleo o está pasando ahora con la dieta cetogénica: salen y son la panacea, la solución a todos nuestros problemas, la gente lo flipa con ellas, tienen mogollón de seguidores que la defienden a ultranza y todos los que no las alaben son unos ignorantes y no tienen ni idea de la vida y, al final, después de unos meses o años, cuando se les pasa la calentura, ya buscan otra corriente a la que aferrarse.

comida real
Photo by ja ma on Unsplash

Creo que está pasando ahora lo mismo con la comida real o el movimiento real food, como también lo encontrarás. Y que básicamente defiende una dieta basada en alimentos reales, alimentos de toda la vida, alimentos que de por sí son ingredientes (no forman parte de un listado de ingredientes). Concretamente, con cómo está degenerando en corrientes gregarias sin capacidad de juicio.

Vamos a introducir el concepto de dieta equilibrada, que a mí me parece muy correcto. A pesar de que la industria alimentaria lo haya adoptado para hacerse un hueco dentro de la nutrición y poder justificar el consumo de sus alimentos procesados, eso no anula su significado inicial que, bajo mi punto de vista, es muy necesario:

El de una dieta variada que aporte todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para cumplir sus funciones.

¿Qué pasaría si utilizamos la definición en su significado literal, y la enriquecemos con “basada en alimentos reales” (que, por otra parte, es lo que debería incluir cualquier dieta saludable)? ¿No sería ideal?

Pues no, ahora los defensores a ultranza del movimiento real food, dicen que la definición dieta equilibrada es errónea y es una manipulación de la industria para vendernos sus productos (un poquito enrevesado, ¿no?).

Porque déjame que te recuerde que, por mucha comida real que lleven los muffins que te estás hincando, al final, el contenido calórico y la distribución de nutrientes también importa (o qué pasa, que los alimentos reales son todos saludables e inocuos, en las cantidades que sean, ¿no?).

Y, a final, no estás llevando una dieta saludable si solo comes pechuga de pollo, ensalada y pimientos, por ejemplo, por muy reales que sean esos alimentos.

comida real
Photo by Anne Sophie Benoit on Unsplash

Al igual que tampoco la llevarías si te zampas a diario 4 muffins reales, porque los has hecho tú y le has puesto solo comida real (harina, miel, huevos, bananas, cacao, aceite de coco y nueces, por poner un ejemplo) -y seguro que mucho cariño.

 

Pero esos muffins que tú engulles sin culpa, creyendo que porque están hechos de comida real, pueden desequilibrar tu dieta, sobre todo si el consumo es excesivo. Porque al final te estás metiendo un chute de azúcar, grasa y calorías que no podemos desestimar, por muy reales que sean los ingredientes.

 

Porque no hay que perder de vista que la culpa de la obesidad, sobrepeso y enfermedades crónicas en la población no solo la tienen los alimentos procesados (que influyen y mucho, ojo), sino también el exceso de comida (y este exceso puede venir también de alimentos reales).

Y aquí creo que los profesionales de la nutrición -sobre todo los que están detrás de estos movimientos, y donde me incluyo, porque creo que es un movimiento muy poderoso que está ayudando mucho- y la salud tenemos que ponernos un poquito firmes y sentar las bases de antemano, y no dejar que el público al final cree sus reglas y estemos fomentando el engaño y la desinformación.

Porque obviamente un muffin de esos caseros de vez en cuando, no te va a hacer daño y va a ser más saludable que uno procesado que te compres que no sepas ni qué lleva. Hasta ahí de acuerdo. Disminuimos la cantidad de procesados, aceites y harinas refinadas, azúcar y aditivos. Peeeeeero… hay que hacerle entender a la población varias cosas:

  1. Para que una dieta sea saludable, ha de ser equilibrada. En el sentido de que ha de aportar diferentes alimentos para que obtengamos todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para funcionar adecuadamente. Y para ello, la combinación, variación y distribución de alimentos (reales, se sobreentiende) es clave. Así como el consumo de alimentos de temporada y locales (en la medida de nuestras posibilidades), para aprovechar al máximo el valor nutricional de los mismos.
  2. Una dieta basada en alimentos reales puede no ser adecuada, en cuanto a que puede estar aportando poca variedad de alimentos y nutrientes, o por el contrario, demasiados nutrientes que hay que controlar (especialmente azúcares simples y grasas) y calorías.
  3. Un concepto que solemos pasar por alto es que la mayoría de personas que se unen al movimiento de la comida real, persigue un objetivo de pérdida de peso. Y para perder peso hay que conseguir un déficit calórico. El hecho de reducir alimentos procesados y superfluos y cambiarlos por opciones reales, al principio va a ser suficiente para impulsar la pérdida de peso (sobre todo si se partía de una dieta altamente procesada y poco saludable). Pero si a la larga estás comiendo más de lo que necesitas (independientemente de que sea comida real o no), no vas a adelgazar. Por eso es tan importante hacer entender a la población que esos muffins reales (llámalo x, pizzas, galletas, tortitas, flanes…) no les va a dejar perder peso si ese es el objetivo.
  4. Nada llevado al extremo es saludable. Si automáticamente todo lo que cae en nuestras manos tiene que pasar por el rasero de comida real, y lo que no, es basura, mal vamos. Y no es que defienda la comida procesada. Me refiero a que nos estamos esclavizando. Y la esclavitud no trae la felicidad, más bien al contrario. Nos encorseta, nos obsesiona y, al final, incluso puede derivar en un trastorno de la conducta alimentaria, en el sentido de que si no es real, lo rechazo. Al final estamos generando una obsesión y perdonadme que discrepe, pero tampoco creo que ese sea el camino.

Y (nunca pensé que fuera a escribir algo así) aunque repito que no estoy defendiendo ni mucho menos un consumo de alimentos procesados, no pasa nada si alguna vez comes algo procesado. Somo humanas y la búsqueda de la perfección (sobre todo cuando llevamos una dieta para perder peso) nos lleva a tener menos adhesión, más ansiedad y más tasa de abandono.

Por tanto, yo soy más partidaria de un enfoque menos opresor: en la medida de tus posibilidades, come comida real, al menos que el 80-90% de tu semana te bases en comida real (si llegas al 100%, olé tú). Pero si por algún motivo no puedes y recurres a algo procesado, pues tampoco se va a acabar el mundo si es algo puntual. Al final lo que cuenta es el balance semanal. Un poco de mesura y cordura. Y salirte de esa rigidez te va a traer mucha paz mental y, en realidad, tampoco va a repercutir tanto.

Y aunque sé que esto puede ser criticable, porque también habrá quién me diga que esa laxitud hace que la gente pierda adhesión y empiece a aflojar y a ceder, y que el 10% ese se transforma poco a poco en la mitad y, en la medida en que no seamos firmes, se acabe anteponiendo y la persona vuelve a sus hábitos, yo no lo creo así.

comida real
Photo by Fragata Nguyen on Unsplash

Creo que si la persona está motivada (y nosotros como profesionales de la nutrición tenemos también un trabajo que hacer ahí, para mantener a la cliente -paciente- motivada), no tiene por qué abandonarse. No creo que el binarizar y la rigidez de la dieta sea la solución. Especialmente en algo como la comida real.

¿Y qué pasa con la dieta equilibrada? Pues lo que ya he dicho. Cabe dentro del movimiento de comida real y pienso que deben complementarse y enriquecerse mutuamente, para darle a la población más claves para mejorar sus hábitos y su dieta.

No creo que sea un concepto negativo ni que lleve a la gente a confusión, como dicen, bajo el pretexto de que es el término que emplea la industria para justificar en la dieta el consumo de sus procesados.

Creo que el mensaje debe ser más sencillo: comida real la mayor parte del tiempo. ¿Ilimitada? No rotundo. Según tus necesidades para alcanzar tus objetivos. Punto.

Si tenemos en mente que un alimento procesado es un alimento con una lista de ingredientes interminables, más de 3-4 ingredientes incomprensibles, números E y aditivos o palabrejas que me suenan a libro de química, eso es un alimento procesado que es mejor dejarlo en la estantería. Ya está.

Y si un día se tercia y me lo como, pues me lo comí y punto. No se va a acabar el mundo, ni vas a engordar -siempre y cuando te mantengas en un rango calórico adecuado-, ni enfermar de un día para otro si el grueso de tu dieta se basa en alimentos de calidad.

Pero por favor, que no afecte vuestra vida social ni os genere este concepto ahora una paranoya ni una obsesión, porque de preocupaciones vamos sobradas ya, y la alimentación, para hacerla sostenible y saludable, hay que hacerla fácil.

Y aunque la idealidad es que todo el mundo acabara consumiendo comida real, estacional, local y ecológica, ¡si se tercia! Las cosas son como son y cargar a la población con otro lastre y generar tanto binarismo, no creo que sea saludable.

Como tampoco lo es el incentivar el reduccionismo (como la negación del concepto de dieta equilibrada) y el hacer creer a la gente que ya son expertos porque todo lo comen real (sin saber cómo funciona el cuerpo, sin entender conceptos como el balance energético). Por el contrario, hay que educar a la población y enseñarles todas las opciones y su repercusión.

Porque al final, la última palabra la tienes tú. Y tienes el derecho de estar informada, y no dejarte engañar por la manipulación de una idea gregaria.

Foto de portada de awpixel EN Unsplash

 

galletas

Ya tenemos merienda saludable: Galletas de avena y jengibre

Como colofón final de una semana de desayunos saludables, basados en comida real y dirigidos principalmente a los peques de la casa (aunque sí, lo sé, tú también te has estado aprovechando, ¿eh? ), hoy te traigo la receta de galletas de jengibre que preparé el sábado, para tenerlas listas el domingo.

Las puedes preparar con antelación y así tenerlas a mano durante la semana para una merienda rica y saludable, mucho mejor que un producto de bollería industrial, una bolsa de patatas fritas o un Bollycao.

¿Te animas a prepararlas?

Etiquétame en instagram con el #galletasfactoria y cuéntame qué te han parecido y cuánto les gustan a los peques. Incluso puedes prepararlas con ellos, ¡seguro que van a disfrutar un montón!

Galletas de avena y jengibre
Tiempo de preparación /Prep time
10 min
Tiempo de cocción /Cook time
45 min
Horneado
45 min
Tiempo total /Total time
55 min
 

Unas galletitas caseras deliciosas y nutritivas. ¡Nada que envidiar en sabor a las galletas procesadas y con la ventaja de aportar menos de 5g de azúcar por cada unidad! Si te gustan las galletas blanditas a la vez que crujientes, esta es tu merienda, deliciosas para una tarde de otoño como las que se acercan. ¡Que las disfrutes!

Plato /Course tags: Breakfast, Desayuno, dulce, merienda, Snack, Visitas
Cocina /Cuisine tags: Casera, Dairy free, Fitness, Saludable, Vegana
Raciones /Servings: 12 galletas
Calorías /Calories: 190 kcal
Autor /Author: Cristina
Ingredientes /Ingredients
  • 200 g de avena en copos puedes utilizar también harina de avena si prefieres una textura más compacta
  • 2 cdas de semillas de lino molidas
  • 200 ml de agua más o menos, hasta obtener una textura adecuada
  • 2 cdas de jengibre fresco rallado puede ser jengibre cristalizado, trocitos en conserva, aunque yo prefiero el toque del jengibre fresco, además de que no lleva azúcar, como el cristalizado, tenlo en cuenta
  • 40 g de coco seco rallado también vale en escamitas
  • 1 cda de semillas de calabaza
  • 3 cdas de semillas de girasol
  • 1 cdita de semillas de chía para decorar
  • 1/2 cdita de canela molida para decorar
  • 1/2 cdita de bicarbonato sódico en polvo
  • 40 g de de azúcar moreno puedes emplear cualquier endulzante, xyitol, azúcar moreno, azúcar de coco o, si prefieres una textura más chiclosa, algún sirope como el de arce
  • 5 cdas de aceite de coco
Elaboración paso a paso /Instructions
  1. En primer lugar, mezclar las semillas de lino con 4 cucharadas de agua hasta obtener una pasta pegajosa.

  2. A continuación, añadir los ingredientes secos a un bol y mezclar bien con una cuchara de madera.

  3. Por otro lado, incorporar el aceite de coco derretido, la mezcla de lino y el resto de agua (incorpórala poco a poco, a medida que vas mezclando, porque es probable que necesites más o menos cantidad de agua, según los ingredientes que emplees) y mezclar bien. Tienes que conseguir una textura chiclosa pero no pegajosa, tampoco demasiado dura.

  4. Precalienta el horno a 180º C. Colocas un papel de hornear sobre la bandeja del horno y vas haciendo bolitas con la masa (con esa cantidad da para unas 10-14 galletas, según el tamaño que te guste). Aplasta con cuidado la bolita según el grosor deseado (también puedes utilizar un molde) y decora con la canela molida y las semillas de chía.

  5. Horneas durante 40-45 minutos (o hasta que estén doradas y toda tu casa huela a galletas recién horneadas).

  6. Deja enfriar en una rejilla y disfruta.

    galletas
Notas de la Receta /Notes

Como ves, es una receta bien sencilla que puedes preparar en un ratito con ingredientes bien fáciles de encontrar.

No lleva huevos, lácteos ni harinas refinadas. Incluso son aptas si sigues una dieta sin gluten, asegurándote de que los copos de avena no lo contengan.

Puedes prescindir de las semillas o incluso cambiarlas por otros frutos secos de tu preferencia. Por ejemplo, seguro que quedan espectaculares con trocitos de almendras.

A mí particularmente me gustan las galletas no demasiado duras ni dulces, por eso las hago más gorditas y dejando la masa un poquito más húmeda de lo normal. Si tú prefieres galletas más crujientes, utiliza un poco menos de agua y haz galletas más finas y homogéneas.

Igualmente, si prefieres un toque más dulce, utiliza jengibre cristalizado (está como confitado), trocitos de chocolate negro o un poco más de azúcar (incluso añadiendo 100 g de azúcar en total, tendrás galletas más saludables que las que compras en el súper). Incluso, puedes utilizar xylitol o estevia, potenciando el sabor dulce y disminuyendo las calorías y el contenido total de azúcar.

Con los ingredientes anteriores, a mí me salieron 12 galletas, de unos 55g cada una (bien hermosas). El contenido nutricional de las mismas es el siguiente (por galleta):

193 kcal

4 g de proteínas

18 g de hidratos de carbono (3,5 g de fibra y 4 g de azúcar simple)

12 g de grasas (40% de omega 3)

0,9 mg de manganeso (48% CDR), 0,2 mg de cobre (22% CDR) y 117 mg de fósforo (17% CDR)

En cuanto a vitaminas, 0,2 mg de tiamina (B1) (14% CDR), 1,2 mg de vitamina E (8% CDR) y 6,4 microg de vitamina K (7% CDR)